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“Tejiendo redes de cuidado” – Mgter. Estela Somoza

Recursos

Congreso Nacional de Trabajo Social. Red Social Evangélica. 2011

TEJIENDO REDES FRENTE A LOS DESAFÍOS DEL 3° MILENIO

PONENCIA DE CLAUSURA: TEJIENDO REDES DE CUIDADO

Magister Estela Rut Somoza

Resumen

Esta ponencia intenta presentar la necesidad de mover al cuidado de su localización periférica actual, para reconocer que es una dimensión fundamental de la vida humana (Tronto 1993). El cuidado está intrínsecamente ligado a la vida, pues ésta no puede mantenerse sin cuidado. Por eso, es importante incluir los valores del cuidado como respuesta ética para enfrentar los desafíos del milenio. La ética del cuidado protege, potencia, preserva, cura restaura y previene. Forma parte de la cultura de la paz. Cuando interviene, lo hace tomando en cuenta si sus acciones serán beneficiosas o si por el contrario, perjudicaría con la misma. Así como la justicia debe extenderse hacia lo privado para prevenir (entre otras cosas) la violencia doméstica o el abuso hacia las niñas y los niños, ancianos y ancianas, personas con discapacidad, también el cuidado debe emerger del ámbito privado para abarcar lo global, y así poder encarar problemas tan graves como la pobreza y exclusión. Debe alcanzar también el cuidado de la naturaleza y del mundo, nuestra casa común. Y por supuesto debe encontrar el equilibrio para incluir el cuidado propio que a veces descuidamos en el afán por la justicia.

El momento histórico actual no admite dilaciones: aprendemos a cuidar, o perecemos. Es una cuestión de supervivencia. La creación se aflige, esperando que nos mostremos como hijos e hijas de Dios. Aguardando alcanzar la gloriosa libertad que Dios nos prometió. ¿Será una utopía? Es una esperanza que puede marcar nuestro rumbo, y que cuenta con la promesa de que Dios, nuestro Creador, nos guiará en el camino.

La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. .. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios” Rom. 8:19; 21.

Nuestro mundo está pasando por un momento sombrío. Algunos de los ejes de trabajo de este congreso muestran el lado más dramático de la complejidad presente. Dos crisis sobresalen del sistema actual de convivencia: la social y la ecológica.

La crisis social profundiza escandalosamente la brecha entre los ricos y los pobres. A algunos les sobra lo que a otros les falta. La gran mayoría del mundo vive en situación de pobreza y exclusión, y muchas de esas personas son mujeres, niñas, niños y adolescentes. Pero no es la única bifurcación de la humanidad: Por un lado, los que viven largos años de vida, aunque el envejecimiento de la población va generando otros problemas que antes no se conocían. Por el otro lado, las grandes mayorías, que están condenadas toda clase de carencias y a morir prematuramente.

Mientras tanto, las familias, expuestas a toda clase de cambios, se van modificando, adaptando, configurándose en formas diferentes para poder hacer frente a los desafíos que tienen que enfrentar si quieren seguir desempeñando su función de cuidado y socialización de sus integrantes.

Pero hay también otras separaciones: por género, por raza, por etnia, por clase. Desigualdades de todo tipo, que son espacios propicios para un sinfín de violencias. Violencias que parecen invadirlo todo, y traen como corolario más violencias. Vivimos un grave problema relacional. Quizás más que nunca somos concientes, por la globalización, de la interconexión que tenemos entre los seres humanos. Pero a pesar de todo, predomina el individualismo, la falta de solidaridad, la deshumanización y cosificación de nuestros semejantes.

La crisis ecológica, por su lado, no es para nada menor. Se toman los recursos limitados de la naturaleza como si fuesen ilimitados. Se somete así a la naturaleza a un proceso de depredación, que va degradando la calidad de vida para toda la creación. No es por nada que la Biblia nos dice que la creación gime…

Pese a todo, hoy estamos aquí porque tenemos una esperanza: la muerte no tendrá la victoria. Estamos aquí porque la vida nos impulsa. Trabajamos y luchamos desde nuestras organizaciones y comunidades, porque estamos convencidas y convencidos de que Aquel que resucitó, sigue trayendo vida en medio de la destrucción. El mundo no está muerto. Agoniza, sí, pero sigue palpitando. Y quienes estamos aquí creemos que podemos hacer una diferencia. Nos mueve a la búsqueda de posibles respuestas que pudieran hacer del mundo, un lugar vivible para todas y todos.

Algo tiene que cambiar

“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Einstein

Necesitamos mirar al mundo con una nueva óptica, que dé lugar a respuestas diferentes de las que se han dado hasta ahora. ¿Pero cuáles? Sin ánimo de dar una respuesta totalizadora, me gustaría que reflexionemos en algunas ideas que pueden ayudarnos a transitar este camino con esperanza.

    1. Necesitamos pensar en el cómo, brindar una respuesta ética.

    2. Somos responsables.

    3. Incluir la ética del cuidado en nuestro accionar.

    4. Tomar conciencia de nuestros límites.

    5. El cuidado es una dimensión fundamental de la vida humana.

el cuidado es una actividad que incluye todo lo aquello que hacemos para mantener, continuar y reparar nuestro mundo, de forma que podamos vivir en él lo mejor posible. Ese mundo incluye nuestros cuerpos, nuestras personalidades y nuestro entorno, todos los cuales buscamos interrelacionar en una red compleja que sustenta la vida. (Tronto 1993).

    1. Necesitamos articular la ética del cuidado con la ética de la justicia.

    2. El cuidado debe extenderse más allá del ámbito privado para abarcar lo global, así como también la justicia tiene que adentrarse en lo privado

    3. La ética del cuidado también debe alcanzar al cuidado de la naturaleza y del mundo, nuestra casa común

    4. La ética del cuidado toma en cuenta a las personas en su contexto y en sus necesidades concretas.

    5. Los valores del cuidado forman parte de la cultura de la paz.

El cuidado está intrínsecamente ligado a la vida, pues ésta no puede mantenerse sin cuidado. Por eso, es importante incluir los valores del cuidado como respuesta ética para enfrentar los desafíos del milenio. La ética del cuidado protege, potencia, preserva, cura restaura y previene. Forma parte de la cultura de la paz. Cuando interviene, lo hace tomando en cuenta si sus acciones serán beneficiosas o si por el contrario, perjudicaría con la misma.

La ética del cuidado se origina de la conciencia de que somos hijos e hijas de un Padre compasivo, que cuida con cuidado a los más desprotegidos. Pero ser hijos no evoca al infantilismo, sino a la madurez de ser “coherederos” juntamente con Jesús. La ética del cuidado también nos permite reflexionar que somos “hermanos y hermanas”, iguales y diversos/as. Relacionadas/os, interconectados/as. Desde esta perspectiva podemos también tener conciencia de que somos “padres y madres” de las futuras generaciones. Que tenemos una responsabilidad también a futuro, que este mundo, nuestro hogar, también le corresponde a las próximas generaciones.

Tejer redes de cuidado

En este mundo globalizado, cada vez más nos damos cuenta de que los seres humanos (y toda la creación) nos necesitamos unos a otros/as para lograr una vida que valga la pena. Sólo podemos existir como personas a través de las relaciones de cuidados con los demás. Por supuesto, eso no implica que quienes cuidan deben avasallar el punto de vista de quienes reciben el cuidado. Todos y todas estamos en ambos polos del cuidado: con necesidad de ser cuidados/as, y con responsabilidad de cuidar. Por eso, necesitamos ser sensibles y detectar las necesidades, asumir la responsabilidad y la posibilidad que tenemos de ser agentes de cambio, realizar las acciones convenientes, y dejarnos cuidar

Tenemos el desafío es formar redes, entramados de vínculos que contengan, que organicen y distribuyan el cuidado de forma tal que nadie quede fuera de esa red. Vínculos que vayan más allá de nuestros queridos y conocidos. Más allá de nuestra comunidad, de nuestro país. Que trasciendan las fronteras de todo tipo.

Este desafío incluye la necesidad desarrollar y transmitir el cuidado como valor ético para toda la sociedad y el mundo. Una ética del cuidado es el conjunto de valores y sensibilidades que todas las personas maduras deberíamos desarrollar, junto con los valores y sensibilidades ligados a la justicia. Tenemos que trascender la falsa dicotomía de pensar que el cuidado es cosa de mujeres y la justicia es cosa de varones. Ambos conjuntos de valores deberían estar presentes en nuestra socialización y formación por el simple hecho de ser humanos. El modelo lo tenemos en Jesús quien manifiesta permanentemente esta articulación entre los valores del cuidado y de la justicia.

El momento histórico actual no admite dilaciones: aprendemos a cuidar, o perecemos. Es una cuestión de supervivencia. Dentro del actual contexto global el cuidado tiene que ser un parámetro oriente la política, la ciencia, la economía, la educación, la vida cotidiana. Y quienes estamos aquí, como hijos e hijas de Dios, podemos ser agentes de cambio.

La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. .. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios” Rom. 8:19; 21.

¿Será una utopía? Es una esperanza, que puede marcar nuestro rumbo y que cuenta con la promesa de que Dios, nuestro Dios, nos guiará en el camino.

Estela R. Somoza es Magister en Ciencias de la familia (Universidad Nacional de San Martín) y Trabajadora Social (UMSA). Tesis de Maestría: “La familia evangélica”. El debate pendiente (UNSAM, 2002). Fundadora y directora del Centro de Apoyo y Orientación Familiar (CAOF), departamento de Fortalecer. Recursos para Familias y Comunidades A. Civil. Es Directora de Capacitación de FORTALECER. En este carácter ha diseñado y desarrollado un programa para la Formación de Agentes de Fortalecimiento y Democratización Familiar. Trabajó por más de 30 años en diversos ministerios, y específicamente en la enseñanza y en la pastoral familiar. En la actualidad es presidenta del consejo directivo de la entidad.

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