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Atribulados… pero no abatidos

Recursos

Atribulados pero no abatidos: el camino hacia la resiliencia familiar

Taller presentado en el Congreso Familia y Diversidad en ocasión del 15° aniversario de Eirene 2011

Magister Estela R. Somoza1

Abstract

En el taller analizaremos los lineamientos principales del enfoque de la resiliencia familiar, y sus posibilidades para el trabajo con las familias con las que estamos en contacto, ya sea como líderes de las comunidades de fe, como profesionales de la salud, como educadores o desde cualquier lugar de influencia que tengamos.

El enfoque esperanzador de la resiliencia familiar nos permite orientar nuestros esfuerzos hacia el fortalecimiento de los procesos que pueden favorecer el tránsito de las familias a través de un amplio espectro de situaciones adversas. Nos estimula a enfocarnos en los recursos y los factores protectores, y no exclusivamente en las debilidades o en los factores de riesgo. Nos permite considerar que las familias, aún las que tienen más problemas, tienen o pueden desarrollar algún potencial para la adaptación, reparación, y crecimiento en medio de las circunstancias difíciles que les toque vivir.

Un “nuevo-viejo” concepto

Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos pero no destruidos… Por tanto no nos desanimamos… Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento.

2° Cor. 4: 8-9,16,17

A los que trabajamos con las familias, tradicionalmente se nos ha enseñado a mirar con paradigmas y modelos explicativos que hacen foco en los factores de riesgo, los déficits, las fallas, los problemas, los fracasos, las desviaciones, anomalías, enfermedades. “La familia está en crisis”, decimos, e incluso, hay quienes hasta se han atrevido a pronosticar la muerte de la familia.

Sin darnos cuenta, hemos limitado nuestra mirada, y nos hemos acostumbrado a considerar a las personas, familias u otros grupos sociales en sus aspectos más negativos, con pronósticos muchas veces reductores y patologizantes, que promueven pasividad y dependencia en la búsqueda de soluciones.

Afortunadamente, van surgiendo nuevos paradigmas que nos ayudan a ampliar la mirada y cambiar nuestra perspectiva. Esto es así con el enfoque de la resiliencia. Una palabra relativamente nueva en el campo de las ciencias humanas, utilizada para denominar a un “nuevo-viejo” concepto: que las personas, familias y grupos sociales pueden hacer frente a la adversidad, sobreponerse y ser fortalecidos o transformados por la misma.

El concepto de resiliencia

La resiliencia puede ser concebida como una fuerza que se opone a la devastación potencial de la adversidad. La adversidad es el germen de la resiliencia, el dolor es la semilla de superación y los obstáculos son el incentivo al esfuerzo sostenido hacia una meta que caracteriza a las personas y familias resilientes (Cyrulnik)

El concepto de Resiliencia Familiar va más allá de ver a los miembros de la familia como recursos posibles para la resiliencia personal. Se refiere más bien a la capacidad de una familia como unidad, de recuperarse de circunstancias adversas y salir de ellas fortalecida y con mayores recursos para afrontar otras dificultades de la vida.

La resiliencia no es una cualidad estática, sino un proceso dinámico y cambiante que se manifiesta frente a ciertas exigencias, mientras que puede no observarse en otras condiciones o momentos. Siempre es contextual e histórica y puede ser fomentada de diversas maneras.

3 procesos claves para la resiliencia familiar2

  1. Sistema de creencias compartido: las familias resilientes logran construir un sistema de creencias compartido que las orienta hacia la recuperación y el crecimiento.
    1. Encontrarle un sentido y significado a la adversidad, ver las crisis como un desafío compartido
    2. Visión positiva y esperanzada pero realista de la situación, que permita manejar lo posible y aceptar lo inevitable.
    3. Espiritualidad y sentido de trascendencia. Estas permiten vislumbrar nuevas posibilidades. Muchas veces, la fe es el motor para el crecimiento cuando se está atravesando alguna crisis.
  2. Recursos organizacionales: capacidad de reorganización familiar tras las crisis.
    1. Flexibilidad, capacidad de abrirse al cambio y adaptarse a los nuevos desafíos
    2. Cohesión familiar, apoyo mutuo, compromiso hacia metas colectivas, respeto.
    3. Incorporación coordinada de nuevos recursos. Movilización de las redes de apoyo (familiares, sociales, comunitarias), recursos económicos.
  3. Comunicación
    1. Mensajes claros y consistentes
    2. Expresión emocional abierta, respuestas empáticas.
    3. Resolución de conflictos en forma colaborativa. Proactividad.

De la vulnerabilidad a la resiliencia

El enfoque esperanzador de la resiliencia familiar nos permite orientar nuestros esfuerzos hacia el fortalecimiento de los procesos que pueden favorecer el tránsito de las familias a través de un amplio espectro de situaciones adversas y en diversas poblaciones. Nos estimula a realizar un cambio de foco y ponerlo en los recursos y los factores protectores, y no exclusivamente en las debilidades o en los factores de riesgo. Esto no significa que debemos descuidar la prevención de dichos factores de riesgo, ni que no debemos ocuparnos de las consecuencias de los posibles daños. Significa extender la mirada para considerar que las familias, aún las que tienen más problemas, pueden tener o desarrollar algún potencial para la adaptación, reparación, y crecimiento en medio de las circunstancias difíciles que les toque vivir.

Nos ayuda a mirar con más respeto y esperanza las competencias y recursos con los que las familias cuentan para enfrentan sus propios problemas. En lugar de llevarles nuestras “soluciones salvadoras”, aprendemos a identificar y ampliar las posibilidades que tienen las mismas familias para resolver sus problemas, a afirmar su potencial reparador, y a resaltar sus mejores cualidades.

Estos esfuerzos pueden beneficiar a todos/as los/as miembros de las familias, a la par que fortifican los lazos y fortalecen la unidad familiar.

La adversidad, entonces, no es vista como un punto terminal sino como un desafío lleno de esperanzas de lo posible.

Frente al incremento de la diversidad en la sociedad y en el panorama familiar, frente a las incertidumbres de todo tipo, y a los grandes estresores que afectan a las familias en el día de hoy, éstas necesitan más que nunca construir y fortalecer la resiliencia. No hay recetas ya hechas, ni un modelo de salud familiar que encaje para todas las familias. Por eso, el enfoque de la resiliencia familiar provee una guía para el fortalecimiento de las familias cuando aparecen los problemas. Más que proveer un conjunto de pautas y premisas estereotipadas para cambiar a las familias, este enfoque nos permite trabajar en forma conjunta y colaborativa con los miembros de las familias en la activación de los procesos que les pueden ayudar a salir adelante cuando se presenten adversidad, ser fortalecidas y crecer a partir de la misma.

1 Estela R. Somoza es Magister en Ciencias de la Familia y Asistente Social. Fundadora y directora del Centro de Apoyo y Orientación Familiar (CAOF) de FORTALECER. Recursos para Familias y Comunidades, y Presidenta de dicha organización. Autora de la tesis de maestría “La familia evangélica”: el debate pendiente. (Universidad Nacional de San Martín).

2Walsh, Froma, (2004) en “Resiliencia familiar: Estrategias para su fortalecimiento”. AMORRORTU EDITORES. Buenos Aires, Argentina.