Una definición de restaurar es “devolver a un objeto su estado original”. Algunos sinónimos son: reparar, rehabilitar, reconstruir, recuperar, renovar, reedificar.

El kintsugi o kintsukuroi es un arte y una técnica japonesa que se basa en restaurar objetos de cerámica que poseen fracturas o grietas uniendo las partes con resina y espolvoreándolos con partículas de oro, plata o platino para realzar su valor.

La filosofía que sostiene la práctica del kintsugi dice que las roturas y reparaciones forman parte del objeto y deben mostrarse en lugar de ocultarse, ya que ellas lo embellecen y ponen de manifiesto su transformación e historia.

“Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó”. Este texto de Eclesiastés 3:15 presenta a Dios como El Restaurador en un ejercicio continuo… eterno.

Pensando en esto, podemos hacer algunas analogías:

En primer lugar, Dios es el Restaurador de nuestras vidas. Accionando desde su lugar de Amor, Misericordia y Gracia, deja su sello de oro.

En segundo lugar podemos pensar en los profesionales de la salud como agentes de restauración que consideran lo discordante e instan al no ocultamiento sino más bien a la aceptación por parte de cada paciente para darle lugar la transformación.

La tercera analogía es la obra de arte que se rompe, que tiene fracturas, imperfecciones, como las vidas humanas. Parecería ser que estas vasijas de cerámica se mantienen pasivas en las manos del artista, pero no es así: ellas ofrecen un material adecuado que incorpora la resina y el oro. De la misma manera el ser humano posee, en mayor o menor medida, la cualidad de la resiliencia, que permite ser moldeado para volver a su condición primera.

Así, Dios, el quehacer terapéutico y el ser humano quedan unidos en una línea dorada que conduce a la esperanza de la restauración.

 

Lic. Beatriz Fernández